Es el momento de reinventar la noción de “contenido premium” en los medios


Desde que empezó a producirse el giro hacia la publicidad digital y la caída de los medios impresos muchos se han quejado por la falta de innovación en esta evolución que se considera natural. Pero decir que los medios impresos no son más que dinosaurios que nunca ´se han logrado adaptar mientras que la tecnología se alejaba es simplificar demasiado.

Los medios digitales no se pueden entender como un mero cambio en el sistema de distribución de contenidos de producto. La capacidad que tienen para la interactividad los hace totalmente diferentes a los medios impresos, pero también a la radio, o la televisión. Por lo que un periódico no puede pretender ganar el mismo dinero online con el mismo producto que vende en su formato impreso. Adaptarse a un nuevo medio requiere entender la realidad única de éste y examinar qué aspectos pueden cambiar.

Es lo que ocurre con cobrar a los usuarios por los contenidos premium. Un modelo que al principio sirvió para apoyar el periodismo en la era digital, pero que se está contrayendo a una velocidad de vértigo. Y es que los consumidores esperan que la web y los contenidos sean gratuitos y no quieren pagar contenidos con dinero de su bolsillo, ni con sus propios datos.

Vale, no es lo mismo un contenido creado por un periodista de verdad que un post de un amigo en Facebook. Y es precisamente esto lo que puede convertir a un contenido premium en una oportunidad para aprovechar los social media y crear nuevos modelos de distribución y atribución.

Si los medios tradicionales se quedan parados, el negocio digital nunca podrá hacer frente a la creación y distribución de contenidos premium. Los propietarios de medios tienen que apostar por la interactividad como nunca han hecho y estar dispuestos a aportar beneficios a los anunciantes y a los lectores. Porque ahora lo que determina que un contenido sea premium no es el contenido, sino la audiencia.

Pero ¿cómo? En primer lugar las mejoras como industria implican más transparencia y estandarización en la medición junto a un entendimiento más sofisticado de la relación interactiva con los lectores de estos contenidos premium. Y las marcas y medios online tienen que negociar y aclarar el quid pro quo que se establece con los lectores, con más transparencia y quizás más exclusividad.

Y hay más. Estos principios tienen que ser la base de todos los productos y tecnologías del ecosistema mediático. Si se aumenta la transparencia en las compañías y el mundo digital la preocupación en torno a la privacidad desaparecerá y ayudará a que crezca este ecosistema.

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