Cuando despedirse de una agencia es todo un alarde de creatividad


Escribir cartas de renuncia es todo un arte y más si el que las escribe trabaja en una agencia de publicidad. Y es que los publicitarios son creativos hasta escribiendo este tipo de textos. Digiday propone a continuación varias cartas de renuncia salidas del frenético y a menudo también estrafalario mundo de las agencias. Tome nota (para bien y para mal):


1. La “carta diatriba”

A la hora de escribir su carta de renuncia, a Kieran Allen, un planificador de medios de MEC, no le dolieron prendas a la hora de acusar a su jefe de antisemita, de mantener relaciones sexuales en la oficina y de arruinar ocho meses de su vida laboral. Kieran tuvo, eso sí, la argucia de “esconder” la segunda de las acusaciones en el antepenúltimo párrafo de la carta.


2. La “carta Van Halen”

Cuando Eric Silver renunció a su cargo como director creativo de la oficina neoyorkina de DDB, optó por una escueta escrita a mano y “customizada” con un logo de Van Halen.


3. La “carta venganza”

En su carta de renuncia, este planificador de una agencia de medios ubicada en la ciudad de Chicago aprovechó para dar rienda suelta a sus verdaderas opiniones sobre sus jefes y sus colegas. “Con las horas que hago en una semana, no llego ni siquiera al salario mínimo”, dice el planificador. “Estoy seguro que si fuera ascendido a ‘ninja-zar’ de los planificadores, mi sueldo estaría congelado hasta el año 2020”, añade.


4. La “carta a lo Barrio Sésamo”

En esta carta, su protagonista apuesta por los lápices de colores para asegurarse de que su renuncia no pase desapercibida a sus superiores. Además, utiliza el lápiz de color negro para dejar claro que está abierta a trabajar como “freelance” y poder ser así tomada en serio por sus antiguos jefes.


5. La “carta suicida”

Antes de dedicarse por completo a la literatura, el escritor estadounidense Sherwood Anderson trabajó como “copy” en la agencia Taylor Critchfield, con sede en Chicago. En 1918, con 41 años de edad, Anderson decidió despedirse de su jefe, Bayard Barton, con una carta en la que se desacreditaba a sí mismo como empleado de la agencia.




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