Economía colaborativa: cuando la masa se hace empresa


Al igual que sucedió, hace algunos años, con la web social, las nuevas tendencias de economía colaborativa están poniendo, en manos de los ciudadanos, un poder que antes parecía solo reservado a unos pocos. Pero, si bien la revolución de las redes sociales consistió en descubrir que la red se había convertido en un potentísimo altavoz para nuestras opiniones y aportaciones, la de hoy reside en otra revelación: la de que, para cubrir muchas de nuestras necesidades, quizá no tengamos que acudir a ninguna tienda ni empresa, sino a nuestros propios semejantes.

Como señala el analista Jeremiah Owyang, existen varios paralelismos entre la explosión de la web social y el actual boom de la economía colaborativa.

Ya hemos dicho que podemos obtener lo que necesitamos de otras personas, y no de las empresas. Al igual que sucedió con la reputación online de las compañías, gracias a la cual, confiamos más en la opinión de un huésped que en lo que el propio hotel nos diga, los ciudadanos están aprendiendo a ayudarse mutuamente a satisfacer sus demandas. Es decir: ¿quién necesita comprar un coche que solo va a utilizar quince minutos al día si en su barrio vive alguien que realiza su mismo recorrido y, además, conoce a otras dos personas que también están dispuestas a cofinanciar esa forma de transporte? ¿Quién requiere, pues, de los servicios de una agencia de viajes si en la ciudad que va a visitar viven ciudadanos dispuestos a compartir todo lo que saben de ella con sus visitantes a través de plataformas como Sherpandipity?
Adiós a los intermediarios

Según Owyang, las compañías ineficientes no sobrevivirán a esta revolución que no entiende de intermediarios. Solo resistirán aquellos bienes y servicios que garanticen un valor añadido. Además, las empresas que quieran hacerse fuertes en este nuevo panorama deberán, tal y como sucedió con el auge de las redes sociales, incorporar estas nuevas herramientas a su modelo. Es lo que se dice: si no puedes con tu enemigo, únete a él; Owyang recomienda a las compañías que busquen a su público potencial en los nuevos escenarios de consumo colaborativo en lugar de permanecer distantes. Ya existen algunos ejemplos, como el de BMW, que, además de vender coches, ahora también los alquila, o el de Toyota, que donará mil vehículos a obra social.

El fenómeno, asegura Owyang, no hará sino aumentar, a medida que tecnologías como la impresión 3D lleguen al alcance de todos –democratizando, así, ciertos medios de producción– y que surjan, en el seno de las grandes empresas, catalizadores que ayuden a impulsar estas nuevas formas de consumo.

Además, Owyang pronostica que esta tendencia se extenderá a toda suerte de productos, así que el clásico ejemplo del coche compartido empezará a quedarse obsoleto. Los ciudadanos ya están tomando los departamentos de atención al cliente a través de las redes sociales; el próximo paso será que las empresas integren a los consumidores en su modelo de negocio. Aunque, probablemente, ellos se abran paso antes.

Foto cc: forestpurnell

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