¿Navegador o sistema operativo? La crisis de identidad de Chrome y Firefox

Cómo ha cambiado el navegador web. Antes se limitaba a abrir enlaces y gestionar favoritos; ahora maneja aplicaciones y cuentas de usuario. El que antes era un simple visor de contenidos se ha convertido en un sistema operativo (o casi).Hace años un navegador era un simple visor de información. Tomaba los datos de un archivo HTML y los traducía a texto con formato y enlaces. Aún recuerdo cómo era navegar en los años noventa: una experiencia lenta y frustrante. Cargar imágenes GIF era el no va más. Flash y Java añadieron muy poco a ese consumo pasivo de información.


VRML, el no va más de la tecnología web en los años noventa

Hoy el navegador es la fachada de nuevos sistemas operativos, la cara de lo que usaremos el día de mañana en lugar de Windows. En lugar de limitarse a cargar contenido, los sitios web nos instan a crearlo directamente en el navegador, a participar en redes sociales, a compartir pensamientos, a dejar una huella en la red.

Chrome OS, el navegador hecho sistema operativo (o más bien su interfaz)

La diferencia fundamental entre ayer y hoy radica en que lo que antes se hacía en programas externos (por ejemplo, editar imágenes), ahora se puede llevar a cabo en el navegador, con una parte del trabajo efectuada por máquinas que están a cientos o miles de kilómetros de distancia, y otra parte que es realizada por el navegador con recursos locales.

Chrome y Firefox: de navegadores a sistemas operativos

Los navegadores han cambiado por el empuje provocado por las nuevas tecnologías de Internet, a su vez desarrolladas para facilitar la creación de sitios web más complejos. La combinación de conexiones mejores, nuevas tecnologías e ideas de negocio innovadoras dio un fuerte impulso a la creación de una nueva generación de navegadores.


Meebo demostró que era posible hacer en el navegador lo mismo que se hacía en el Escritorio

Es justo la tecnología que está detrás de las aplicaciones web -JavaScript y HTML5- la que desde hace unos años está empujando a los navegadores a convertirse en la parte visible, el shell de los sistemas operativos. Ya hay aplicaciones web que nada tienen que envidiarle a las nativas en cuanto a rendimiento y características.Chrome OS y Firefox OS son la prueba fehaciente de ese salto de nivel: sus aplicaciones son web empaquetadas cuya ejecución depende del navegador, lo que permite distribuirlas a cualquier sistema sin tener que adaptar el código. El antiguo sueño de apps universales (el que tuvo Java en su día) se está haciendo realidad gracias a los navegadores.

Volver atrás es imposible. Basta con abrir Internet Explorer para darse cuenta de que el navegador como utilidad del sistema operativo se ha vuelto insuficiente. Un navegador clásico es incapaz de trascender el sistema operativo. Está en un callejón sin salida. Los nuevos navegadores, en cambio, te sumergen en su mundo de aplicaciones web.
Windows y Mac mantienen el navegador como accesorio

Los sistemas operativos clásicos, como Windows y Mac OS, pugnan por mantener el modelo de aplicación offline, con archivos ejecutables y procesos de instalación. Al mismo tiempo, intentan pasar a móviles y tabletas. Para ello, tienden cada vez más puentes a las versiones móviles (Windows Phone y iOS) en busca de una convergencia forzada.


Mac OS X y iOS siguen buscando puntos de convergencia, pero no es sencillo

Pero un sistema operativo que quiera aterrizar en nuevas plataformas necesita hardware compatible, lo que a su vez limita su alcance y posibilidades. Así Windows Phone, cada vez más cercano a Windows, está atado a Nokia, y iOS a los dispositivos de Apple. Es también una cuestión de marketing: el SO es parte del producto.Chrome OS y Firefox OS no tienen esta limitación. La capa subyacente a Chrome OS y Firefox OS, los llamados “navegadores operativos”, es Linux, que se adapta bien a cualquier aparato, y provee la base flexible sobre la que los nuevos sistemas pueden lanzar su ofensiva.
Estamos ante un conflicto entre navegadores por un lado y sistemas operativos clásicos por el otro. Aplicaciones web en la nube contra programas que pueden funcionar sin conexión. Cada modelo tiene sus ventajas e inconvenientes, pero el que sepa adaptarse mejor a los dispositivos del mañana y al empuje de Internet será el que gane.
Una crisis de identidad que viene de la ambición

Los navegadores modernos parecen estar en plena crisis de identidad. Han "adelgazado" demasiado, y con el paso de los años se han vuelto cada vez más discretos, hasta constar de tan solo una barra, dos botones y un recuadro universal. Quieren que toda la atención esté en las aplicaciones web. Pero a veces exageran.


Canary, versión experimental de Chrome, introdujo... ¡el botón de búsqueda! (fuente)

También hay cosas que los navegadores todavía hacen mal o hacen a medias, como gestionar la memoria o controlar recursos de vídeo y sonido. Las extensiones a veces interfieren más que ayudar, y los plugins se han convertido en vías de entrada para decenas de virus peligrosos.


Añadir un administrador de tareas a un navegador no resuelve sus problemas

Finalmente, hay que considerar la variedad de interfaces de las aplicaciones web, que produce una enorme fragmentación. Usar la versión web de Foursquare es muy diferente a usar la versión web de, pongamos por caso, Flickr. Esta fragmentación se minimiza cuando estamos ante aplicaciones clásicas (“nativas”).
El cambio es positivo, pero no hay que olvidar al usuario

Los intentos de Google y Firefox por encapsular las aplicaciones web aspiran a crear una experiencia de usuario coherente, pero por ahora solo un sistema operativo clásico puede garantizar la máxima coherencia en la experiencia de uso de las aplicaciones, bien a través de los estándares de diseño, bien a través de los criterios de los markets.Para que triunfen en su extraña conversión a sistemas operativos, los navegadores deben cumplir dos objetivos: por un lado no deben olvidar sus orígenes como herramientas que facilitan el consumo de contenido web, y por el otro deben conciliar la libertad del web con una experiencia de usuario de calidad. No será nada fácil.¿Se han vuelto los navegadores demasiado ambiciosos?

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