El coste de no arriesgar: innovación y riesgo


Hace ya un tiempo, en el despacho del que entonces era mi jefe y mientras negociaba mi salida de esa empresa, no podía quitarle la vista a un cuadro que él mismo tenía colgado en la pared. Se veía una avioneta y un paracaidista saltando de ella y una frase que decía algo así… “Dentro de 20 años no te arrepentirás de las cosas que hiciste, sino de las cosas que dejaste de hacer… “.

Dejar aquella empresa fue una decisión arriesgada e incluso yo diría que irracional, pero algo decía en mi interior que tenía que cambiar, que necesitaba seguir aprendiendo y tomar nuevos caminos. No me arrepiento.

Es común que se tomen decisiones de campañas y se distribuyan presupuestos de marketing en función del ROIs teóricos, calculados a priori para cada acción. Y para ello se modelizan los resultados previstos en un Excel, se calculan probabilidades, funnels, best and worse case escenarios… Las decisiones tienen que estar soportadas por la razón y por datos, pero, de verdad no hay espacio para algo más…



Acaso nos hemos parado a pensar cuál es el ROI de “no” hacer algo novedoso, arriesgado, de no experimentar y probar cosas distintas, de no traer nuevas experiencias y estímulos a la empresa (aunque no resulten) y de no ilusionar a tu equipo con una iniciativa innovadora…

Hace poco un gran cliente nuestro nos confesaba con pesar que dadas las restricciones que tienen internamente de hacer cosas nuevas, su equipo se “aburría” y estaba sufriendo una pérdida real de talento. ¿Cuánto cuesta y cómo modelizas ese coste?

Las organizaciones con una cultura únicamente focalizada al éxito, donde sólo éstos se celebran y bonifican y los fracasos se tapan y se convierten en tabú hablar de ellos, están abocadas a ser “más de lo mismo”. A estancarse y morir de éxito.

Para evitarlo, se requiere promover una cultura interna especial, que favorezca que los individuos prueben, arriesguen y por ende, en ocasiones, fallen. Una cultura trasparente que se atreva a compartir internamente e incluso con clientes y proveedores, sus éxitos y sus fracasos. ¿Cuántas veces hacemos briefing de verdad con nuestros clientes cuando no ganamos una propuesta? ¿Qué es lo que realmente le ha gustado y qué no? ¿Cómo escuchar de verdad los motivos que expone un cliente sin recurrir a tópicos como el “ya estaba dado”? ¿Cómo incorporamos a nuestra organización el conocimiento y lo aprendido de los fracasos? ¿Qué le decimos a un proveedor cuando hay que decirle que no?

Como dicen en San Francisco, en un mundo que está cambiando a la velocidad de la luz “fail fast, fail cheap…”. Y la metodología es muy sencilla. Al igual que llevo un par de semanas animando a mi hija Ángela de 9 años a que aprenda a hacer el pino puente (yo nunca lo conseguí) los pasos son los mismos… “Venga inténtalo, prueba, levántate, pregúntate qué ha pasado, vuelve a intentarlo…” Así que lucha por reservar una parte de tu presupuesto para “pruebas”… define objetivos de nuevos servicios y nuevos productos, no tengas miedo a explorar algo que nunca se haya hecho, involucra a tu gente… Comparte qué falló con el equipo, con el cliente, con proveedores. Valora el éxito, pero no olvides a la gente que tiene el coraje para arriesgar, aunque al principio no funcione… ya funcionará… pero no desperdicies su talento… porque si lo haces, el ROI real final será muy, muy bajito.

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