El culto a “estar ocupado” y la importancia del aburrimiento


El culto a “estar ocupado” y la importancia del aburrimiento
¿Estás "demasiado ocupado" para hacer cualquier cosa, todo el tiempo? Quizás quieras tomártelo con un poco más de calma.
Por estos días parece que todos estamos constantemente ocupados, que estamos en una competencia para ver quién tiene menos tiempo libre. Esa queja de "estoy demasiado ocupado" o "no me alcanza el tiempo para todo" viene a menudo con un orgullo implícito: "estar ocupado" se ha convertido en una suerte de señal de éxito, y al mismo tiempo, el disparador de una conversación en la que todos nos consolamos unos a otros sobre cuán cansados estamos y lo llena que está nuestra agenda.

El culto a estar ocupado

Todos hemos estado en uno de los dos extremos de esa conversación:


A: ¿Cómo estás?
B: ¡Ocupadísimo! ¡No tengo tiempo para nada!


Cuando nos expresamos de esta manera, por lo general estamos queriendo transmitir mucho más que eso. No es sólo que pretendamos ganar la compasión de los demás sobre cuán ocupados estamos, sino que además queremos transmitir a través de esto que somos importantes en el esquema de las cosas, y también, frecuentemente, evitar decir que no queremos hacer algo que nos están pidiendo, porque nadie cuestiona nuestra negativa si damos la apariencia de tener prisa y estar cansados todo el tiempo.
Por otra parte, estar tan ocupado resulta ser una trampa. Cuando hay cosas que realmente queremos hacer, que de verdad llenarían nuestras vidas, pero nos da miedo hacerlas, podemos llenarnos de innumerables tareas sin importancia (como archivar papeles) al punto de estar tan ocupados que no podamos ni siquiera tomarnos un momento para pensar en lo que haremos a continuación. Estar constantemente ocupado no necesariamente significa ser productivo, ni llenar todo nuestro tiempo con actividades no significa necesariamente llenarlo de significado.

Una vida "llena" en vez de una vida "ocupada"

El principal temor, creo yo, que es el miedo a desperdiciar nuestras vidas, el temor a perdernos algo importante, termina llevándonos en el sentido completamente opuesto. Cuando estamos "tan ocupados que no podemos respirar", no nos tomamos el tiempo de pensar si las cosas con las que estamos llenando ese tiempo realmente valen la pena.
En un maravilloso artículo para WSJ sobre el culto a estar ocupado, Laura Vanderkam sugiere:
En vez de decir "no tengo tiempo" intenta decir "eso no es una prioridad", y ve cómo se siente. A menudo, ésa es una explicación perfectamente adecuada. Tengo tiempo para planchar mis sábanas, simplemente no quiero. Pero otras cosas son más difíciles. Inténhtalo: "No voy a editar tu currículo, cariño, porque no es una prioridad". "No voy al médico porque mi salud no es una prioridad". Si estas frases no te sientan bien, bueno, ése es el punto. Cambiar nuestro lenguaje nos recuerda que el tiempo es una elección. Si no nos gusta cómo estamos gastando una hora, podemos elegir algo diferente.
Puedes trabajar diez horas al día, pero si amas lo que haces y tu vida está llena de significado, no vas por la vida quejándote de estar "demasiado ocupado". La diferencia, pues, no está en cuánto tiempo posees, sino en cuánto lo disfrutas. Esta queja significa que no sólo tienes muchas cosas que hacer, sino que crees que estas cosas no deben hacerte feliz, es decir, que tienes una imagen del éxito que es contradictoria con la felicidad.
"No tengo tiempo", además, es una frase realmente estúpida. Todos tenemos exactamente la misma cantidad de horas en el día, tan sólo elegimos llenarlas con cosas distintas. También es cierto que diferentes personas tiene diferentes cantidades de control sobre su propio tiempo, pero eso también es algo que quizás deberías considerar cambiar.


culto a estar ocupado


El movimiento "slow": tómatelo lento

El movimiento "slow" aboga por un cambio cultural hacia disminuir o enlentecer el ritmo de la vida. Carl Honoré, autor del libro En defensa de la lentitud, dice:
Es una revolución cultural contra la noción de que más rápido siempre es mejor. La filosofía Slow no es acerca de hacerlo todo a ritmo de caracol. Es acerca de buscar hacerlo todo a la velocidad correcta. Saborear las horas y los minutos en vez de contarlos. Hacerlo todo tan bien como sea posible, en vez de tan rápido como sea posible. Es sobre calidad en vez de cantidad.

Por qué el aburrimiento es importante

En un mundo lleno de trabajo por hacer, redes sociales y Netflix, parecería que no tenemos excusas para pasar un solo segundo aburridos. Si nos encontramos con una cola en el supermercado, sacamos el smartphone y revisamos el feed de Twitter, y aprovechamos para quejarnos de tener el cajero más lento de la faz de la Tierra. Con esto, eliminamos lo que antes habría sido un momento de aburrimiento.
No obstante, al eliminar el aburrimiento de nuestras vidas, eliminamos también algo muy importante: la manera en la que nuestro cerebro funciona cuando está aburrido. Eliminamos, entre otras cosas, la capacidad de soñar despiertos, que es el génesis de la creatividad y la generación de nuevas ideas. Es decir, si no podemos aburrirnos, no podemos crear cosas nuevas, sino que funcionamos como autómatas a través de los bucles de nuestras rutinas.
Entonces, quizás quieras pensar un poco sobre si estar tan ocupado que no tienes tiempo de ser creativo ni de elegir con qué quieres llenar tu vida es realmente un símbolo de tu éxito y tu productividad. Quizás la respuesta no sea la que esperas.






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